
La medalla que muerde: una gesta histórica en Birmingham
El aeropuerto de Barcelona era el escenario de una escena que pocos habrían imaginado hace unos años. Andoni Calbano, el velocista de Bergara, mordía con fuerza, con rabia incluso, la medalla de bronce que había logrado en el Campeonato de Europa al aire libre de Birmingham. No era un simple accesorio; era el fruto de una trayectoria marcada por los viajes en autobús, las esperas interminables y la dedicación absoluta. Con solo 25 años, el atleta txuri-urdin se convertía en el primer guipuzcoano en lograr una medalla en pista en un europeo al aire libre, una gesta que saborea como si fuera de oro.
La hazaña llegó en el novedoso relevo 4×100 mixto, una prueba que debutaba en el continental y que la selección española preparó durante meses. Acompañado por Guillem Crespí, Maribel Pérez y Jaël Bestué, Calbano subió al tercer cajón del podio después de establecer un nuevo récord de España con un tiempo de 40.42 segundos. La imagen del equipo en el podio no solo representó un éxito deportivo, sino un salto cualitativo para el atletismo español en este tipo de competencias por relevos.
El camino para llegar a ese podio no fue sencillo. Apostó por el atletismo hace cinco años, tras iniciarse en 2016 en Eibar bajo las órdenes de Inma Urkiola, compaginándolo con el fútbol. Tras una etapa de desconexión, donde se dedicó al skate y al voley, comprendió que la competición era lo que realmente necesitaba. Volvió en 2021, escribiendo un correo a la Federación Atlética Guipuzcoana para buscar opciones. La respuesta lo encaminó hacia el entrenador Óscar Ezker, quien desde el primer día mostró su confianza en él.
De los pintxos a la pista: la historia de un soñador
La trayectoria de Calbano es una lección de resiliencia. Para poder pagarse una habitación en Donostia, se dedicó durante medio año a servir pintxos de tortilla, aceitunas, cañas y cafés. Esa realidad no le impidió soñar. Los kilómetros en bici luchando contra el viento, los desplazamientos diarios desde Bergara hasta Donostia por la falta de pista en su municipio, fueron la moneda de cambio de su pasión. «Yo al principio pensaba que su grupo entrenaba en Ordizia, y total que era en Donostia… Él se portó desde el primer día muy bien conmigo», recuerda el velocista, quien resalta la flexibilidad de su entrenador para adaptar las sesiones.
Este esfuerzo diario se tradujo en una mejora constante. Óscar Ezker, quien también fue un rápido velocista, destaca su habilidad para los ejercicios de técnica: «Es muy habilidoso para los ejercicios de técnica. Lo pilla todo, es capaz de interiorizar rápido todo». Esa capacidad de aprendiz rápida, unida a un trabajo intenso, permitió a Calbano ganar el campeonato de España absoluto de 200 metros en 2025, con la tercera mejor marca nacional de la historia (20.41 segundos).
El presente brillante y el sueño olímpico
Ahora, el atleta mira hacia el futuro con la ambición de un que sabe que solo ha comenzado. «Es grande, pero pesar no pesa mucho. No creo que vendiéndola sacara mucho dinero», bromeaba desde el aeropuerto, consciente del valor simbólico de su logro. Su objetivo siguiente es claro: ser olímpico en Los Ángeles 2028. «Ojalá. Trabajaré para ello. Lo pienso dar todo porque sería lo máximo», asegura, dispuesto a meter más horas en la pista de Anoeta.
La medalla de bronce no es solo un recuerdo, sino un impulsor de su sueño. El europeo de Birmingham fue un escenario donde el atletismo español dejó huella más allá de la pista. En una competición que también vio gestas como la de Marta García, que lograba la medalla de plata en los 5.000 metros, o la brillantez de España en el maratón, el relevo mixto de Calbano se sumó a un palmarés que refleja la salud del deporte nacional. Mientras el velocista guipuzcoano planea su futuro, su historia se consolida como un ejemplo de que con dedicación y pasión, incluso los sueños más complejos se pueden hacer realidad.



