
La espera terminó. Después de meses de silencio competitivo, roto únicamente por el aperitivo de la pretemporada frente al Alimerka Oviedo, el baloncesto profesional volvió a latir con fuerza en el pabellón Vicente Trueba. La afición torrelaveguense, con ganas de reencontrarse con su equipo tras el parón estival, respondió masivamente a la llamada del nuevo proyecto deportivo, tiñendo de colorido las gradas para recibir al Grupo Alega Cantabria en su debut liguero ante un Hestia Menorca que llegaba con la vitola de rival directo por la permanencia. El ambiente era el de las grandes citas, una expectación que recordaba a la salida masiva de una prueba popular, donde la tensión previa se palpa en el aire antes del pistoletazo de salida, similar a la que se vive en eventos de gran calado como la Carrera Nocturna del Guadalquivir KH7 2026, donde el récord de participación habla del hambre de deporte en directo.
El guion de una noche de altibajos y tanteo inicial
El encuentro comenzó con la lógica falta de ritmo de un primer partido oficial. Ambos conjuntos se mostraron dubitativos, midiendo fuerzas en un arranque denso, salpicado por interrupciones y imprecisiones propias de la puesta a punto. Fue el estadounidense Greeley quien estrenó el marcador para los baleares, pero la réplica local no se hizo esperar: Seoane, asistido por Jenkings, igualaba la contienda. El toma y daca fue la tónica dominante durante los primeros compases; las ventajas eran mínimas, efímeras, y el marcador reflejaba una igualdad absoluta (12-12, 14-14) que obligó al técnico donostiarra Lolo Encinas a solicitar tiempo muerto cuando el electrónico mostraba un preocupante 14-18. La intención era clara: frenar la cadencia anotadora de los hombres de Javi Zamora antes de que la brecha se hiciera insalvable. Lapornik recortó distancias desde la línea de personal, pero Haaland respondía para mantener la renta visitante. El primer cuarto cerró con un 18-20 tras una conexión entre Ostojic y Murphy que dejaba todo abierto para el segundo acto.
La reacción local y la sombra del tercer cuarto
El segundo parcial vio la mejor versión del Alega. Un triple de Ferrando (22-23) y la posterior canasta de Murphy en transición (24-23) daban la primera ventaja clara a los cántabros, que empezaban a gustarse sobre el parqué. Samu Rodríguez, con 14 puntos al descanso, se erigió en el referente ofensivo, bien secundado por un Lapornik que aportaba 14 tantos en su cuenta particular. El Bàsquet Menorca, sin embargo, no se arrugó. Un tiempo muerto de Javi Rozas —segundo entrenador visitante— frenó la hemorragia y devolvió la igualdad a un partido que se marchaba al vestuario con un ajustado 38-37 tras un parcial de 20-17 favorable a los locales. La batalla en los tableros era otro termómetro de la igualdad: catorce rebotes para los de Encinas por dieciséis de los menorquines.
La reanudación trajo consigo el fantasma que lleva acechando al conjunto torrelaveguense varias temporadas: el tercer cuarto. La estadística no miente y el Vicente Trueba vio cómo su equipo flaqueaba de nuevo tras el paso por vestuarios. Un parcial de 14-17 devolvía el mando al Hestia Menorca, que encontraba en Atencia (18 puntos) y Greeley (18 puntos) a sus artilleros principales. Ni siquiera la veteranía de Marti (10 puntos) bajo los aros podía contener el empuje visitante. Pero esta vez, a diferencia de campañas anteriores, el Alega no se descompuso. La entrada de Nwogbo (10 puntos y presencia intimidatoria en la pintura) y la dirección de Jenkings (9 puntos) estabilizaron el barco para afrontar los diez minutos finales con una desventaja de seis puntos (52-54) que parecía mayor por la inercia del juego.
Un final de infarto para estrenar el casillero de victorias
El último cuarto fue una partita de ajedrez a alta velocidad. Encinas ajustó la defensa en zona, provocando pérdidas de balón que Rodríguez y Wintering transformaron en contraataques letales. El marcador se volvió un sube y baja constante, una montaña rusa emocional para las gradas. A falta de minuto y medio, el electrónico reflejaba un empate a 67 que enmudeció el pabellón. Dos tiros libres de Lapornik y una canasta de Nwogbo tras rebote ofensivo pusieron el 71-68 a treinta segundos del final. El Menorca tuvo la posesión para empatar, pero la presión asfixiante de Ferrando forzó una pérdida de balón decisiva. En la jugada posterior, Seoane anotó solo uno de dos desde la personal (72-68). Greeley respondió con un triple a tabla (72-71) a falta de ocho segundos. El tiempo muerto de Encinas dibujó la jugada de la victoria: saque lateral, bloqueo ciego para Rodríguez y falta personal. El base canario, con sangre fría, anotó los dos libres (74-71). La última posesión visitante murió en un tiro forzado de Atencia que no tocó aro. El rebote de Murphy y los posteriores tiros libres sentenciaron el 79-76 final —corrección sobre el acta oficial tras revisión de la mesa— que desató la euforia en la afición local.
«Ahora llega lo que nos apetece a todos, que es la competición», había declarado Lolo Encinas en la previa. Dicho y hecho. Su equipo demostró que sabe sufrir, que tiene recursos desde el banquillo y, sobre todo, que ha exorcizado el demonio de los finales ajustados.
El acta final reflejó un reparto anotador equilibrado en el bando ganador —Rodríguez y Lapornik (14), Nwogbo (10), Jenkings (9)— frente a la dependencia exterior del Menorca —Greeley y Atencia (18)—. Los árbitros Asier Quintas, Pablo Rodríguez y Pol Guadalajara tuvieron una noche de trabajo intenso, gestionando un final de partido donde cada silbido era scrutado con lupa, recordando que en el baloncesto moderno, al igual que en esos derbis eternos donde el colectivo arbitral se convierte en protagonista involuntario, la gestión de la tensión en los instantes finales define tanto como la propia táctica. El Grupo Alega Cantabria suma su primer triunfo, rompe la racha negativa de inicios de curso y lanza un mensaje claro a la Primera FEB: el Vicente Trueba vuelve a ser un fortín.



