
El Estadio de la Cerámica vivió una velada de absoluta frustración para los aficionados amarilla. El Villarreal CF completó una actuación decepcionante en la cuarta jornada de LaLiga y cayó derrotado ante el Deportivo por un contundente 2-3, un marcador que no refleja ni la mitad de las heridas que quedaron abiertas en el vestuario local. Los de Iñigo, que saltaron al terreno de juego con la intención de ofrecer un espectáculo a la altura de su renombrado feudo, terminaron por regalarle la victoria a un equipo deportivista que supo aprovechar cada error defensivo con una eficacia quirúrgica.
La campaña del conjunto castellonense sigue sin despegar de manera alarmante. Con esta derrota, el Villarreal acumula únicamente dos puntos de los doce posibles en las primeras cuatro jornadas del campeonato liguero. Una cifra que sitúa al equipo muy lejos de las expectativas creadas durante la pretemporada y que comienza a generar preocupación en los despachos directivos. La ilusión del regreso al Estadio de la Cerámica, uno de los escenarios más emblemáticos del fútbol español, se convirtió anoche en una noche de pesadilla que dejó más interrogantes que certezas.
El partido comenzó con un ritmo vertiginoso que evidenciaba las intenciones de ambos conjuntos. Los locales pretendían dominar mediante posesiones largas y pausadas, construyendo el juego desde la defensa con paciencia y orden. Por su parte, el Deportivo llegaba con un plan claro: presionar alto, recuperar balones y proyectar rápidamente a sus hombres de ataque hacia la meta defendedida por Junior. La velocidad del encuentro ahogaba especialmente a los visitantes, que veían cómo la presión amarilla mermaba sus opciones de generar juego ofensivo con tranquilidad.
Los errores defensivos que costaron el partido
Fue precisamente en una de estas acciones ofensivas locales donde nació el primer gol del encuentro. Pepe supo leer una salida en falso del portero deportivista Leo Román y, con un sutil toque que besó las mallas de la meta visitante, estableció el 1-0 que ponía por delante al Villarreal. El gol galvanizó a los locales, que continuaron presionando con intensidad y no permitían que el Deportivo pudiera salir con criterio desde atrás. La zaga amarilla estaba perfectamente conectada desde el primer minuto y no estaba dispuesta a dejar a Pierre-Emerick Aubameyang, el peligroso punta deportivista, a sus anchas en la zona de definición.
El marcador a favor generó un escenario de falsa seguridad en las filas amarilla. Los gallegos, necesitados urgentemente de un gol para mantenerse con opciones en el partido, se lanzaban al ataque con más corazón que cabeza. Aubameyang pudo conectar un remate aéreo que se fue desviado por centímetros, lo que sirvió como aviso de lo que estaba por llegar. Sin embargo, con el paso de los minutos, la efervescencia local bajó significativamente. El Villarreal se asentó en una situación cómoda en la que el Deportivo tenía el balón pero era incapaz de generar peligro real sobre la meta de Júnior.
Esta calma artificial favorecía enormemente a los intereses del Villarreal. Sin sufrir en defensa, los de Iñigo podían preparar sus jugadas de ataque con tranquilidad y generar oportunidades claras. Moleiro, uno de los hombres más activos del conjunto local, gozó de una ocasión clamorosa cuando Leo Román sacó un disparo formidable que ya se colaba por la escuadra. Era evidente que el portero visitante estaba siendo uno de los pocos capaz de mantener a su equipo con opciones de puntuar en un escenario tan hostil como La Cerámica.
La tónica cambió radicalmente cuando el Deportivo decidió meterle ritmo al choque. El equipo visitante, liderado por su banquillo, comprendió que debía incrementar la intensidad si quería voltear el marcador. Después de asustar con nuevas internadas de Aubameyang, llegó el empate. Luismi Cruz se fabricó una oportunidad excepcional y batió a Júnior con un toque cruzado que colocaba el 1-1 en el marcador. La sensación en el cuerpo de los jugadores del Villarreal era extraña, como si algo no funcionara correctamente en la maquinaria amarilla. Con este marcador empatado y un sabor amargo en la boca, ambos equipos se fueron a los vestuarios para el descanso del estreno liguero de La Cerámica.
La remontada que se escapó entre los dedos
Al volver de los vestuarios, el Villarreal salió con ganas de devolver la alegría a su hinchada. Los primeros minutos de la segunda mitad trajeron consigo dos jugadas de claro peligro para los intereses locales. Moleiro se plantó ante Leo Román en un mano a mano que no supo resolver con la definición esperada. Minutos después, Gueye recibió el balón a placer dentro del área pequeña, pero su disparo se fue desviado cuando lo tenía todo a favor para marcar. La falta de puntería empezaba a convertirse en un problema recurrente para los de Iñigo.
La polémica llegó a la hora de encuentro. Gueye, el mismo jugador que había fallado la ocasión anterior, finalmente logró encontrar la red para establecer el 2-1, pero el colegiado Gil Manzano decidió invalidar el tanto por un supuesto fuera de juego. La decisión generó una rabia contenida en los jugadores del Villarreal que se tradujo en un incremento notable de su poderío ofensivo. Los locales se lanzaban al ataque con más determinación que nunca, buscando con ahínco un gol que premiara su dominio sobre el terreno de juego.
Para contrarrestar esta oleada amarilla, el Deportivo movió el banquillo con inteligencia. Casadó y Adama Traoré entraron al campo para potenciar las transiciones rápidas a la espalda de Veiga y Costa, los laterales visitantes. El dominio seguía siendo local, pero los futbolistas del Villarreal no parecían capaces de amenazar de manera efectiva a un Leo Román que, por momentos, daba sensación de no tener ningún tipo de presión sobre su portería. Fue entonces cuando ocurrió lo impensable.
Tras un centro lateral de Gerard, Adama Traoré se posicionó en el área con la intención clara de despejar el balón. Sin embargo, el defensa cometió un error de bulto que terminaría costando caro al equipo amarillo. Su vaselina, pretendida como despeje, superó con una trayectoria imposible al meta deportivista y se coló en su propia portería, regalando el 2-2 a los visitantes. El Estadio de la Cerámica enmudeció ante el error de su propio jugador, un fallo que caía como una losa en un feudo que estaba de fiesta celebrando el regreso a la competición doméstica.
La reacción del Villarreal fue inmediata. El equipo intentó reponerse del varapalo emocional y se lanzó con todo hacia adelante para volver a adelantarse en el marcador. Pero lo que nadie esperaba es que, a raíz de un fallo en la construcción del balón desde la defensa amarilla, Aubameyang se plantara solo ante Júnior para sentenciar el duelo. El delantero gabonés, omnipresente durante todo el partido, no perdonó la oportunidad y estableció el 2-3 definitivo con una definición que liquidó cualquier esperanza local de puntuar.
Tras el pitido final, las palabras del defensor del Villarreal Logan Costa resumían el sentir de un vestuario devastado. «Teníamos muchas ganas de llevarnos los tres puntos hoy. Debemos seguir trabajando para que la primera victoria llegue», confesó el jugador con la voz quebrada por la decepción. Una derrota que deja heridas profundas y que obliga al equipo a reflexionar profundamente sobre sus carencias antes del próximo compromiso liguero.
La situación del Villarreal en la clasificación se complica jornada tras jornada. Con solo dos puntos de doce posibles, los de Iñigo se adentran en una zona perigosa de la tabla que no se corresponde con la tradición histórica del club ni con las expectativas de su hinchada. Queda mucho camino por recorrer en esta temporada, pero las alarmas ya están encendidas en un equipo que necesita reaccionar con urgencia antes de que la crisis se aprofunde de manera irreversible.



