
El Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza se convirtió la noche del sábado en el escenario de una batalla épica que quedará grabada en la memoria del baloncesto femenino español. La selección nacional, dirigida por Miguel Méndez, firmó una victoria de enorme mérito (72-71) ante China, vigente campeona del mundo, en un encuentro que se decidió en la prórroga y que sirve como despedida de la afición antes del asalto al oro en el Mundial de Berlín. Una noche donde la capitán del Casademont Zaragoza, Mariona Ortiz, brilló con luz propia para guiar a las suyas con 13 puntos, demostrando que el liderazgo no entiende de etapas ni de calendarios.
La presidenta de la Federación Española de Baloncesto, Elisa Aguilar, había pedido al equipo que saliera a la pista «con la mejor de las energías», y eso fue exactamente lo que hicieron las jugadoras españolas en un partido que se presumía como la prueba de fuego definitiva antes de la gran cita berlinesa. Ante más de 8.000 gargantas que no dejaron de empujar, España firmó un triunfo que trasciende lo deportivo: es una declaración de intenciones de un grupo que sueña con romper la historia que les ha sido esquiva en las grandes finales.
La sombra de Zhang Ziyu y el plan maestro de Méndez
El verdadero protagonista del encuentro, no obstante, llevaba el nombre de Zhang Ziyu, una pívot colosal de 2,20 metros capaz de alcanzar el aro sin necesidad de saltar. Su sola presencia en la cancha provocaba una mezcla de admiración y respeto entre las jugadoras españolas, conscientes de la enorme diferencia física que debían contrarrestar. Sin embargo, Miguel Méndez tenía un plan perfectamente diseñado y, en cuanto vio el cambio en el luminoso con un 8-6 favorable para España, dio entrada a Alba Torrens y Awa Fam, que pese a sus 1,96 metros de estatura parecía diminuta al hacer pareja con la gigante china.
A partir de ese momento, el choque se convirtió en un duelo de modelos antagónicos. China apostaba por una Zhang instalada en la pintura, fija como un monolito, tratando de imponer su superioridad física batiéndose en ocasiones hasta con dos interiores españolas. Mientras tanto, el combinado nacional desplegó un juego coral con las cinco jugadoras fuera de la zona restringida china en ataque, buscando los tiros óptimos porque los rebotes, ante semejante corpulencia rival, eran una misión casi imposible. La estrategia salió a la perfección para los intereses locales: España cerró el primer cuarto seis arriba (18-12), evidenciando que la inteligencia táctica puede más que la mera superioridad física.
El segundo tramo arrancó con la entrada de Nerea Hermosa, cuya salida al campo levantó al público zaragozano casi tanto como el anuncio de que Mariona Ortiz sería titular. Los aficionados, conscientes del esfuerzo hercúleo que le esperaba a la vitoriana en defensa ante la torre china, no tardaron en corear su nombre, un reconocimiento que se repetiría en el último cuarto cuando la presión era máxima. El parcial de 17-20 en este segundo periodo recortó distancias y dejó el electrónico en 35-32 al descanso, un marcador engañoso que no hacía justicia al trabajo defensivo español. Entretanto, Zaragoza le cantó el cumpleaños feliz a la capitán Alba Torrens durante un tiro libre que, como no podía ser de otra forma, anotó con la sonrisa dibujada en el rostro. «España es diferente», pensarían las jugadoras del conjunto asiático dirigido por el seleccionador Gong.
La remontada en el tercer cuarto y la agonía de la prórroga
El tercer cuarto arrancó con un quinteto formado por Martín, Buenavida, Etxarri, Torrens y Ginzo. El marcador tardó más de dos minutos en moverse, una señal inequívoca de que ambos equipos habían regresado de vestuarios con una concentración extrema. Un 2+1 de Zhang adelantó por primera vez a China en todo el encuentro, dinamitando momentáneamente el partido. Las vigentes campeonas del mundo anularon por completo a una España que solo fue capaz de anotar tres puntos en siete minutos, entrando además en bonus con más de tres minutos por delante, un panorama poco favorable para las de Méndez.
Sin embargo, fue precisamente en ese momento crítico cuando la selección española mostró su carácter. Las jugadoras reaccionaron con casta y volvieron a encontrar el camino al aro desde la línea de tiros libres, culminando la remontada con un triple clave de María Conde tras una transición rapidísima en la que Awa Fam hizo valer su agilidad frente a la altura bruta de la referencia china. El tramo final del partido fue un intercambio de golpes constante, con ambos equipos conscientes de que cualquier error podía resultar decisivo. La prórroga se convirtió en una prueba de resistencia física y mental, con Ortiz asumiendo la responsabilidad desde el tiro libre y la dirección de juego.
En los últimos compases, con el Príncipe Felipe en pie y el corazón en un puño, España ejecutó a la perfección la estrategia diseñada en el banquillo: defensa intensa, control del ritmo y aprovechamiento de cada posesión. Las jugadoras chinas, desconcertadas ante un rival que no se arrugaba ante su estrella interior, vieron cómo se escapaba una victoria que habían acariciado durante gran parte del encuentro. Cuando el árbitro señaló el final, el éxtasis se desató en las gradas zaragozanas y en el banquillo español, conscientes de lo que acaban de conseguir: derrotar a las campeonas del mundo en una noche que vale por un título.
Camino de Berlín: el sueño del oro mundial
Esta victoria ante China no es un punto y seguido en el calendario, sino un punto de inflexión en la preparación de la selección española de cara al Mundial de Berlín. Como reflejan otros hitos recientes del deporte español —desde la histórica clasificación de los Redsticks a una final mundial 28 años después hasta el regreso triunfal de figuras como Carlos Alcaraz al US Open—, el deporte español vive un momento de eclosión en el panorama internacional que reclama su lugar en la élite.
El combinado de Miguel Méndez viajará a la capital alemana con la moral por las nubes tras derrotar a las vigentes campeonas en un escenario hostil como pocas veces se recuerda en el baloncesto femenino español. Mariona Ortiz, con sus 13 puntos y su lectura inteligente del juego, demostró que el liderazgo no necesita de grandes alardes estadísticos, sino de presencia en los momentos decisivos. Junto a ella, Iyana Martín formó un tándel de dirección que minimizó el impacto de la gigantesca Zhang Ziyu y que apunta a ser decisivo en la pelea por las medallas en Berlín.
La rotación española, que evidenció una profundidad de banquillo notable ante las exigencias físicas de un rival de primer nivel, permite a Méndez encarar el Mundial con múltiples variantes tácticas. La combinación de veteranía —Torrens, Conde, Ortiz— y juventud —Buenavida, Martín, Fam— conforma un grupo equilibrado que ha sabido competir contra la mayor potencia física del baloncesto mundial y salir airoso. Las jugadoras españolas han mandado un mensaje claro al resto de participantes en el Mundial: España ha vuelto para pelear por todo, y lo hará con la confianza de quien ya sabe lo que es ganar a las mejores en su propio territorio. El Pabellón Príncipe Felipe despidió a sus guerreras con una ovación interminable, conscientes de que lo vivido esta noche en Zaragoza puede ser el preludio de la mayor gesta del baloncesto femenino español. La cita de Berlín aguarda, y la selección llega con el alma cargada de fe y los bolsillos repletos de argumentos para soñar con ese oro que la historia todavía le niega.



