
Una aparente recuperación con cicatrices sociales profundas
La primera mitad de este año ha estado marcada por una serie de alzas y bajas que han ampliado la sensación de fragilidad en un contexto económico que, aunque muestra señales de crecimiento, esconde complejos desafíos sociales. Mientras el Producto Interno Bruto (PIB) del país registró un incremento del 2,2% en el primer semestre, comparado con el mismo período del año anterior, la realidad cotidiana de millones de argentinos no refleja esta expansión. La reducción drástica de la inflación, desde más de 211% al inicio del mandato de Javier Milei hasta 33,5% en mayo, parece haber sido solo el primer paso en una transformación que ha dejado cicatrices en el tejido productivo y social del país.
El enfoque de austeridad y desregulación implementado por el gobierno ha logrado estabilizar la economía, pero a un costo elevado para quienes habitan en la base del mercado. La precarización del empleo, la caída de los salarios reales y el aumento de las tarifas básicas han generado un clima de incertidumbre que afecta, sobre todo, a las pequeñas y medianas empresas. Según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), hasta junio se habían cerrado 31.342 compañías desde que Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, lo que representa aproximadamente el 6% del total de empresas registradas en el país.
La economía a dos velocidades: entre la expansión y la crisis
El crecimiento económico argentino se concentra, en la actualidad, en sectores clave como la minería, energía, agroindustria y actividades bancarias. Estos rubros han gozado de un impulso significativo, impulsado por la apertura de mercados y la estabilización de las condiciones financieras. Sin embargo, otros sectores, como el comercio y la industria manufacturera, han experimentado una contracción que ha impactado directamente en la generación de empleo y en la capacidad de los emprendedores para mantener sus operaciones.
La industria manufacturera, en particular, ha sido la más afectada, con pérdidas de puestos de trabajo que superan el 10% según estimaciones del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Este fenómeno, sumado a la entrada masiva de importaciones tras el fin de las políticas proteccionistas, ha generado una competencia desigual que pone en riesgo la viabilidad de muchas fábricas locales. «El problema no es solo el auge económico, sino cómo se distribuye ese crecimiento», explicó un analista del sector, quien pidió anonimato para evitar represalias. «Las empresas grandes con capacidad de exportar están adaptándose, pero las PYMEs no tienen ese margen de maniobra». La apertura comercial, aunque prometedora para la competitividad, ha revelado las grietas en una economía que aún no ha logrado equilibrar eficiencia y equidad.
El costo humano de la transformación: historias de cierre y deuda
El cierre de empresas como el de Alejandro Marchizotti, dueño de un pequeño comercio en la ciudad de Córdoba, ilustra el impacto real de las políticas económicas. «A principios de 2024, empecé a tener los primeros problemas», relató Marchizotti. «No vendía bien, no podía pagar los sueldos y tuve que pedir créditos, pero no conseguía salir adelante». Su caso no es aislado: según el CEPA, la morbidez en el crédito afecta a casi un tercio de quienes han solicitado préstamos, mientras que muchos aún no perciben los beneficios de la reactivación económica prometida por el gobierno.
La caída de los salarios reales, en contraste con el aumento de los costos de la vida, ha empujado a una parte significativa de la población a recurrir al trabajo informal como mecanismo de supervivencia. Esta tendencia, suma a otros problemas estructurales como la ineficiencia en la prestación de servicios básicos y la desconfianza en las instituciones. «La inflación fue controlada, pero el poder adquisitivo de la clase media y trabajadora se erosionó», analizó un economista consultado por BBC Mundo. «La reforma no solo impacta en los indicadores macroeconómicos, sino en la calidad de vida de las personas».
Críticas y defensas del gobierno
Frente a las críticas por el alto número de cierres empresariales, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, ha defendido las políticas adoptadas, argumentando que muchas de las empresas que cierran son «de un solo individuo» y que su cierre no representa un impacto significativo en el empleo. «No se trata de un colapso, sino de una reestructuración», afirmó en una reciente entrevista. Sin embargo, expertos en política laboral han señalado que esta postura ignora el efecto multiplicador de las PYMEs en la economía local. «Una persona que cierra un negocio no solo pierde su ingreso, sino que también genera una cadena de efectos en la comunidad», explicó un representante sindical.
La postura del gobierno ha generado un debate sobre el equilibrio entre la austeridad y la protección social. Mientras algunos celebran la estabilidad macroeconómica, otros temen que la falta de apoyo a las empresas más vulnerables pueda prolongar la crisis. «La sola caída de la inflación no basta si las personas no pueden vivir de su trabajo», concluyó un analista de este reporte sobre la transformación tecnológica.
La situación actual en Argentina refleja un dilema global: ¿cómo conciliar el crecimiento económico con la protección de los sectores más frágiles? Mientras el país avanza hacia una economía más abierta y competitiva, la verdadera prueba será si logra mitigar los efectos sociales de una transición que, hasta ahora, ha dejado a muchos en la base del mercado más desprotegidos.
La economía española consolida su crecimiento con un robusto avance del 0,7% en el segundo trimestre: https://diariodeavila.net/economia/la-economia-espanola-consolida-su-crecimiento-con-un-robusto-avance-del-07-en-el-segundo-trimestre/



