
Madrid, 12 de septiembre de 2026 — En un panorama donde los resultados del informe PISA han vuelto a sacudir los cimientos del sistema educativo español, generando un debate nacional sobre la calidad y pertinencia de la enseñanza, emerge una voz singular que, desde la profundidad de una vida dedicada a la reflexión y el compromiso social, ofrece una perspectiva radicalmente diferente. Se trata de Evaristo Villar, un teólogo progresista de 85 años, cuya trayectoria vital y académica lo sitúa en una posición privilegiada para diseccionar las falencias de un modelo que, a su juicio, se ha desconectado peligrosamente de la vida. Su análisis no solo cuestiona los métodos pedagógicos actuales, sino que lanza una advertencia sobre la alarmante devaluación del saber experiencial de las generaciones mayores, relegado a la categoría de un obsoleto «problema informático anticuado» en la era digital.
Desde su actual labor en la parroquia de Buenos Aires en Salamanca, donde colabora activamente en la acogida de migrantes y expresidiarios junto a Emiliano Tapia, Villar observa con preocupación cómo la obsesión por las competencias y los dispositivos tecnológicos eclipsa la esencia misma del aprendizaje. Su figura, marcada por una expulsión de la Orden Claretiana por parte de Juan Pablo II debido a su adhesión a la Teología de la Liberación, es la de un intelectual que ha navegado siempre contra corriente, abogando por un pensamiento crítico y una praxis arraigada en la realidad social. Su sentencia sobre el rumbo de la educación actual resuena como un eco de su propia vida: una constante búsqueda de la verdad que va más allá de las métricas y los currículos estandarizados.
Una Vida de Reflexión y Compromiso Social
La vida de Evaristo Villar, a sus 85 años, es un testimonio viviente de coherencia y rebeldía intelectual. Desde sus inicios como teólogo, se adhirió a los principios de la Teología de la Liberación, una corriente que le valió la expulsión de la Orden Claretiana por parte de un conservador Juan Pablo II. Lejos de amilanarse, esta experiencia cimentó su compromiso con los más vulnerables y su visión crítica de las estructuras de poder, incluyendo las educativas. Sus reflexiones, plasmadas en textos semanales publicados en diversos medios, combinan la profundidad teológica con una aguda observación de la sociedad contemporánea.
Más allá de la teoría, Villar encarna su filosofía en la acción. Su colaboración en la parroquia de Buenos Aires en Salamanca es un ejemplo palpable de su dedicación a la comunidad, ofreciendo un refugio y una segunda oportunidad a migrantes y a aquellos que buscan reintegrarse tras cumplir condena. Este contacto directo con las realidades más crudas de la existencia humana le proporciona una lente única a través de la cual examinar los desafíos educativos. Es desde esta perspectiva de vida y compromiso que su análisis de los resultados de PISA adquiere una resonancia particular, desenmascarando la superficialidad de un sistema que, a su juicio, está perdiendo el contacto con lo esencial.
El Informe PISA y la Desconexión Vital de la Escuela
La preocupación de Villar se intensifica ante los recurrentes resultados desfavorables de España en el informe PISA, un barómetro internacional que mide el rendimiento de los estudiantes en lectura, matemáticas y ciencias. Sin embargo, su crítica trasciende la mera lamentación por las cifras. Para él, el problema es estructural y profundo: «nuestra escuela acumula programas, competencias, dispositivos y evaluaciones, pero se aleja de la vida». Esta afirmación encapsula la esencia de su pensamiento, señalando que la educación moderna ha priorizado la acumulación de datos y habilidades descontextualizadas sobre la conexión genuina con el mundo real y la experiencia vital.
El teólogo ilustra esta desconexión con ejemplos contundentes y poéticos a la vez. «¿Enseñamos el ciclo del agua a jóvenes que nunca han visto nacer un manantial?», cuestiona, evidenciando la brecha entre el conocimiento abstracto y la vivencia concreta. Prosigue con otras imágenes igualmente reveladoras: «Hablamos de sostenibilidad mientras vaciamos los pueblos. Explicamos economía sin preguntar quién paga nuestro bienestar. Estudiamos la fotosíntesis en una pantalla de alta resolución, quizá porque salir a mirar un árbol resulta demasiado revolucionario». En este sentido, la educación se convierte en un ejercicio de simulación, alejado de los problemas reales y las complejidades de la existencia. La insistencia en modelos estandarizados y la falta de una pedagogía arraigada en el entorno y las experiencias personales pueden explicar, en parte, los desafíos que enfrentan sistemas educativos en diversas latitudes, como se ha observado en América Latina en la Encrucijada Educativa, donde los resultados de PISA también generan alarmas.
El Valor Perdido de la Experiencia y el Abandono del Entorno
La crítica de Evaristo Villar alcanza su punto álgido al denunciar el desprecio hacia la sabiduría acumulada por las generaciones mayores. Mientras la sociedad se lamenta por los resultados de PISA, un fenómeno que él considera una distracción de problemas más fundamentales, «el campo queda abandonado y la sabiduría de nuestros mayores es tratada como un programa informático anticuado». Esta metáfora es poderosa: en una era dominada por la tecnología y la información instantánea, el saber pausado, experiencial y transmitido oralmente, se percibe como obsoleto, una carga en lugar de un recurso invaluable.
La educación, en su afán por modernizarse y adaptarse a los nuevos tiempos, parece haber olvidado que el conocimiento no reside únicamente en los algoritmos o las pantallas de alta resolución. Existe una riqueza en la conexión con la tierra, en la comprensión de los ciclos naturales, en la memoria histórica de una comunidad, que se está perdiendo a medida que los pueblos se vacían y las voces de los ancianos son silenciadas. Este abandono no es solo geográfico o demográfico; es también pedagógico y existencial. La construcción de una convivencia basada en el respeto y la valoración de todas las formas de conocimiento, incluyendo la experiencia, es un pilar fundamental que la psicología ha comenzado a redefinir en la formación infantil, como se explora en El Tejido Invisible de la Convivencia. La visión de Villar nos invita a una profunda introspección sobre qué tipo de sabiduría estamos cultivando y cuál estamos dejando morir en el altar de la modernidad.
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