
La caída de La Rioja y la necesidad de repensar la educación
Los últimos resultados de la prueba internacional PISA revelan una merma significativa en la comunidad autónoma de La Rioja, que ha perdido 26 puntos en lectura, 20 en matemáticas y 16 en ciencias respecto a 2022. Más allá de los puestos ocupados, la pregunta central es si los jóvenes están aprendiendo mejor o peor que años atrás. Los indicadores muestran una tendencia a la baja que obliga a replantear los métodos pedagógicos y la estructura del sistema educativo.
Competencias, conocimiento y la exigencia docente
Leer con profundidad sigue siendo la base para pensar con claridad; no basta con descifrar palabras, es imprescindible comprender, relacionar ideas y argumentar. La generación actual ha crecido rodeada de información inmediata, estímulos constantes y interrupciones continuas, lo que dificulta la concentración necesaria para la lectura profunda. El enfoque competencial de la Lomloe debe preservarse, pero no puede prescindir del conocimiento sólido que sustenta cualquier competencia. Además, el esfuerzo, la memoria y la práctica son pilares que la escuela inclusiva debe reforzar, sin rebajar las expectativas, sino ayudando a alcanzarlas.
Desafíos estructurales: desigualdad, docencia y excelencia
La desigualdad económica, social y cultural sigue condicionando los resultados escolares. La escuela puede mitigar muchas de esas brechas, pero no puede resolver la pobreza infantil ni la precariedad sin la intervención de políticas sociales adecuadas. Para lograr una verdadera igualdad de oportunidades, la política educativa necesita recursos suficientes y una coordinación con medidas que aborden la situación familiar y comunitaria. En este sentido, la formación, el tiempo de preparación y la estabilidad del profesorado son esenciales; sin un cuerpo docente bien preparado y reconocido, cualquier reforma será insuficiente. La necesidad de reconocer el papel docente se ve reforzada por la creciente movilización ciudadana, como la que se ha vivido en Madrid, donde miles de docentes y familias exigen una educación pública digna frente a los recortes.
Equidad, excelencia y la respuesta social a la desigualdad
El análisis de PISA también obliga a mirar hacia arriba: parte de la caída afecta al alumnado que tradicionalmente obtenía los mejores resultados, evidenciando una disminución de la presencia en los niveles de excelencia. Una escuela justa debe permitir que cada estudiante desarrolle al máximo sus capacidades, combinando equidad y excelencia. Para ello, es fundamental crear condiciones que favorezcan la excelencia sin sacrificar la equidad, como la implementación de programas de lectura semanal en todas las asignaturas, experiencia que Euskadi ha puesto en práctica con éxito.
Perspectiva de futuro y responsabilidades colectivas
PISA sirve como termómetro que detecta problemas, pero la decisión sobre el tipo de persona y sociedad que queremos construir recae en nuestras manos. La educación no puede limitarse a tres competencias; debe integrar conocimientos, habilidades, valores y bienestar. Para lograrlo, se requiere una inversión sostenida en docentes, reducción de la burocracia que ahoga la innovación y un marco social que elimine las barreras económicas que perpetúan la desigualdad. Solo así se podrá revertir la tendencia descendente y garantizar que la educación sea realmente transformadora.



